Las bóvedas de madera

Insistían antiguamente los visitadores –inspectores enviados por el Obispo para velar por el buen funcionamiento de los templos– en que las iglesias estuvieran abovedadas, y que si no se podía costear una bóveda de piedra o ladrillo se hiciera “aunque sea de madera”.

Puede parecer esto un poco despectivo hacia la madera, que hoy tanto apreciamos como material de construcción natural y cálido, pero que en otros tiempos era considerado de inferior calidad a la piedra. Sin embargo, lo cierto es que nuestros carpinteros levantaron unas magníficas bóvedas en madera que, una vez policromadas, en nada desdecían de las piedras ni en su complejidad ni en su calidad constructiva.
Nuestra propuesta de hoy es una visita a esas bóvedas de madera. Apenas una docena se conservan –hubo muchas más–, algunas en iglesias parroquiales, otras en ermitas.

1.- San Bartolomé de Olarte (Orozko)

Uno de los “focos” de este tipo de construcciones es Orozko. El ejemplar más antiguo debió de ser la de la iglesia de San Bartolomé de Olarte: construida hacia 1520, era de medio cañón con la cabecera estrellada, y todo estaría revocado y pintado para ocultar el material constructivo. Lamentablemente hoy sólo se conservan la bóveda del ábside y los arcos de la nave, pero esta estructura nos permite imaginar cómo sería lo perdido.

2.- Natividad de Goikuria (Orozko)

El mismo modelo, pero mucho más tarde (1770), se aplicó en la ermita de la Natividad de Goikuria de Orozko gracias a un envío de dinero desde Méjico de un cofrade que quería que su ermita no desmereciera de las parroquias cercanas. Pero en este caso la bóveda conserva su policromía, restaurada hace algunos años. Un espectáculo.

3.- San Lorenzo de Ozerinmendi (Zeanuri)

En Arratia, nuestra próxima etapa, podemos acercarnos a la ermita de San Lorenzo de Ozerinmendi, en Zeanuri. En ella hacia 1550 se levantó una bóveda muy similar a las que hemos visto en Orozko: un medio cañón con marcados arcos fajones y claves talladas.

4.- Mañaria y Zaldibar

Ya en el Duranguesado hay que destacar dos parroquias, las de Mañaria y Zaldibar. En ambas vemos vistosas bóvedas de nervaduras muy complicadas, con nervios curvos, claves talladas, capiteles esculpidos… La de Zaldibar es de hacia 1550, y actualmente sus nervios están en madera vista –en otros tiempos estarían pintados–, lo que delata el material constructivo. Pero en la de Mañaria, de 1586, está todo policromado… y les retamos a que encuentren algún indicio de que la bóveda es de madera.

5.- Markina-Xemein

Avanzamos hasta Markina-Xemein. Aquí hay que destacar, y mucho, las dos magníficas bóvedas tardogóticas de las ermitas de San Cristóbal de Iturreta y Santa Marina de Illoro. En ambos casos las techumbres, de hacia 1530, despliegan terceletes, contraterceletes, claves… Lástima que hayan perdido su policromía, porque sin duda serían espectaculares.
Más moderna, de hacia 1630, es la bóveda de la ermita de San Jacinto de Atxondoa. En este caso es una techumbre rebajada, casetonada, con decoración de almenas pintadas en blanco y negro.

6.- Iglesia de San Andrés (Ibarrangelu)

Pero sin duda la joya de la corona de esta colección de bóvedas es la de la iglesia de San Andrés de Ibarrangelu. Terminada en 1559, es una gigantesca armadura de madera que cubre la totalidad del templo, dividida en cinco tramos y cada uno de ellos separado en tres bóvedas. Los nervios giran por todas partes, se entrecruzan, se concentran en claves, dibujan círculos, flores y rosetones… Y todo policromado imitando una falsa sillería y motivos vegetales en el polo central de cada tramo. En el presbiterio además aparecen el Padre Eterno y los apóstoles mezclados con otros motivos típicamente renacentistas de origen pagano: putti, garzas, grifos, calaveras, cuernos de la abundancia… Y en los arcos que separan los tramos hay batallas y personajes bíblicos. Un verdadero alarde. No en balde Gianluigi Colalucci, uno de los responsables de la restauración de la Capilla Sixtina, dijo que Ibarrangelu era “la Capilla Sixtina del arte vasco”–por cierto, que los últimos trabajos de Miguel Ángel en la Sixtina fueron en 1541, no tan lejos de las fechas de nuestra iglesia–.

Arquitectura románica en Bizkaia

Los edificios religiosos más antiguos que conservamos en Bizkaia son de estilo románico, pues de las etapas anteriores apenas nos han llegado algunos elementos sueltos como pies de altares o ventanas monolíticas de tradición mozárabe.

En el románico, los restos más abundantes son ventanas o portadas integradas en edificios posteriores, típicas de un arte rural y popular de cronología bastante tardía, entre 1150 y 1250, aunque todavía es posible visitar tres iglesias completas.

1.- San Pedro de Abrisketa (Arrigorriaga)

Nuestro recorrido comienza en la pequeña ermita de San Pedro de Abrisketa (Arrigorriaga) que cuenta con una sola nave rematada en un ábside recto cubierto por bóveda de cañón e iluminado con una estrecha ventana monolítica, de estilo aún prerrománico. Abre su portada en arco de medio punto, con la decoración propia del estilo (taqueado y billetes), incorporando en el muro sur dos relieves, aludiendo probablemente al pecado de lujuria.

2.-Museos de Bilbao

Varios restos dispersos de este estilo se conservan en el Museo de Arte Sacro y en el Arkeologi Museoa de Bilbao lo que justifica una parada en la capital vizcaína. Destaca en el primero el tímpano de San Jorge de Santurtzi, único ejemplar de este tipo, con un Cristo sedente entre los símbolos de los cuatro evangelistas. En la colección del segundo sobresalen algunos capiteles con motivos vegetales o zoomorfos procedentes de la antigua iglesia de San Pedro de Mungia.

3.- Ermita San Miguel (Zumetxaga-Mungia)

Dentro del término municipal de esta misma villa, en el barrio de Zumetxaga, se levanta la ermita de San Miguel, caracterizada por sus recios y gruesos contrafuertes, que contrastan con la delicadeza de la ventana apuntada de su ábside, definida mediante fustes cubiertos con encestados o redes de rombos y capiteles con hojas de acanto, piñas, un cuadrúpedo o una máscara que vomita tallos entrelazados, motivos repetidos en el arco triunfal.

4.- San Pelayo (Bakio)

Desde Mungia nos dirigimos hacia la costa, para acercarnos hasta el tercero de los templos que se mantiene en su integridad: La humilde iglesia de San Pelayo de Bakio. Allí, en un paraje que ofrece hermosas vistas del litoral, podemos contemplar una sobria portada, de arco ligeramente apuntado, apoyada en unos capiteles decorados de forma esquemática con líneas curvas y paralelas en torno a un óvalo dispuesto en la arista. El mismo diseño se emplea al interior, tanto en el vano absidal –enmarcado por una hilera de bolas- como en el arco de acceso al presbiterio, cubierto una vez más con bóveda de cañón.

5.- San Salvador (Fruiz)

De regreso a Bilbao, podemos detenernos en la portada de San Salvador de Fruiz, en uno de cuyos capiteles se reproduce el tema de la Tregua de Dios, mediante la figura de un clérigo que media en la disputa entre dos jinetes.

Un tipo de ermita particular: Los Humilladeros

El itinerario de este mes enlaza la zona de Urdaibai con el Valle de Arratia y nos permitirá conocer alguno de los ejemplos más significativos de Ermitas-Humilladero.

Ubicadas junto a caminos, a los que abren su fachada principal mediante un amplio vano cerrado con una reja de madera o hierro, cuentan además con un espacio porticado, exponiendo sus imágenes permanentemente al paso de viajeros y transeúntes. Es un tipo de construcción bastante habitual, por lo general dedicado a advocaciones relacionadas con la Pasión de Jesús.

1. Axpe (Busturia)

El primero que visitaremos es el dedicado al Santo Cristo en Axpe (Busturia) y está muy cerca de la parroquia de Santa María. Es uno de los más antiguos de Bizkaia, y a juzgar por el estilo de las columnas de su pórtico, data de comienzos del siglo XVI. Conserva una hermosa talla del Crucificado, de estilo renacentista, muy expresiva y de cuidada anatomía.

2. Errigoiti

La mayoría de ellos, sin embargo, son de estilo barroco, fechándose entre mediados del siglo XVII y finales del XVIII, como el emplazado junto a la iglesia de Santa María de Idibalzaga en Errigoiti. Finalizado hacia 1732 es obra del cantero Juan de Arrien. Se dedica a los santos Antonio Abad y de Padua, advocaciones habituales en otros humilladeros. Destaca su amplio pórtico, cercado con una hermosa reja realizada por el rejero de Elorrio Valentín de Ojanguren.

3. Fika

Más tardío y modesto en dimensiones es el Humilladero del Santo Cristo de Fika, proyectado por Juan de Iturburu en 1783, con una cúpula en su espacio central. Posee un retablo realizado en 1785 por Ignacio de Legarza, cuyas tallas originales se conservan en la inmediata iglesia de San Martín.

4. Igorre

Los ejemplares más monumentales se encuentran en el valle de Arratia. Notable es el de los Santos Antonios de Igorre, de la segunda mitad del siglo XVII, que cuenta con nave de dos tramos y un esbelto pórtico sobre columnas toscanas, este ya de hacia 1707. Destaca su reja de nudos cónicos decorados con hojas de acanto y remate en forma de abanico.

5. Dima

El más sobresaliente de todos es el humilladero de la Piedad, cercano a la parroquia de San Pedro de Dima. Su gran arco casetonado se enmarca entre pilastras estriadas y unas hornacinas con tallas de la Virgen y San Juan y se cierra con una espectacular verja de nudos que imitan mazorcas de maíz. En la clave figura el año de construcción, 1716. Un poco posterior es su retablo con la talla de la Piedad entre dos lienzos y un calvario.

6. Zeberio

También es monumental el humilladero de Ermitabarri en Zeberio, dedicado a san Antonio y proyectado por Juan Bautista de Ybarra, abierto al culto en 1744. Como el de Dima, tiene un gran pórtico con columnas alzadas sobre altos zócalos y su fachada se dispone entre contrafuertes rematados por volutas, realizada aquí en piedra caliza. Acoge tres retablos que precisan ser restaurados.

Paseando por los claustros de Bizkaia

Nuestra propuesta de este mes sugiere un recorrido a través de algunos de los claustros más hermosos que aún existen en Bizkaia, territorio donde no fueron muy numerosos este tipo de recintos, por lo general asociados a edificios conventuales. La tardía implantación de los conventos en el Señorío y la limitación de los recursos con que contaban estas comunidades explican su escaso número.

Nuestra ruta se iniciará en el Casco Viejo de Bilbao, visitando el claustro de la Catedral para acercarnos luego a conocer el que pertenecía en origen al convento de San Francisco, terminando con el que se integra en el Monasterio de Zenarruza en Ziortza-Bolibar.

1. Claustro Catedral Santiago (Bilbao)

En la villa bilbaína encontramos uno de los claustros más interesantes, que en origen se construyó excepcionalmente como parte de una iglesia parroquial dedicada al apóstol Santiago. Se levantó sobre el antiguo cementerio norte, a principios del siglo XVI, en estilo gótico tardío. No se conoce su autor, pero por las semejanzas de su Portada del Ángel con la de la iglesia parroquial de Güeñes, realizada por los canteros Olabe, se piensa que pudo ser obra de este taller.

El diseño de las tracerías ondulantes de sus arcos, las gárgolas y pináculos son fruto de una intervención que dirigió el arquitecto Galíndez a partir de 1925. Tras su restauración se dispusieron en el espacio ajardinado unos limoneros, recuperando la costumbre frecuente en las villas costeras de Bizkaia de plantar frutales de cítricos para combatir enfermedades como el escorbuto.

2. Convento La Encarnación

Antes de dejar la capital vizcaína podríamos ver los claustros del Antiguo Colegio de los jesuitas de San Andrés (hoy Museo Vasco) o el del Convento de la Encarnación, sede del Museo de Arte Sacro que siendo algo más sobrios mantienen el encanto y sosiego de antaño

3.- Bermeo

Junto a la iglesia de San Francisco de Bermeo, se conserva el antiguo claustro del primer convento fundado en Bizkaia en 1357. Hoy es un jardín de uso público, tras haber sido utilizado como mercado de abastos. Sus galerías de esbeltos arcos apuntados debieron levantarse ya a finales del siglo XV y en sus ángulos muestran relieves de factura un tanto tosca con figuras de frailes orantes, ángeles músicos, escudos o animales enfrentándose

4.- Zenarruza

Finalmente nos desplazaremos a la comarca de Lea-Artibai donde se encuentra la antigua Colegiata de Zenarruza, actualmente un convento cisterciense que alberga un hermoso claustro renacentista, de doble piso y planta ligeramente trapezoidal.

Su construcción se llevó a cabo entre 1547 y 1586, dirigiendo las obras al menos desde 1560 el cantero Juan de Olabe. Afectado por un incendio en el siglo pasado fue restaurado antes de que instalará la actual comunidad, y hoy día se levanta al lado de la nueva hospedería
del Monasterio.

Las iglesias neoclásicas de Bizkaia

Proponemos una ruta que recorre unos elementos de nuestro patrimo­nio poco conocidos y -lo que es más grave- poco valorados: las iglesias neoclási­cas de Bizkaia. Reivindicamos unos edificios que fueron construidos entre los años finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX y que alcanzaron unas notables cotas de calidad.

1. Larrabetzu

Nuestro recorrido se va a centrar en una zona concreta: la comarca Gernika-Bermeo, aunque arrancaremos desde un poco más al Sur, desde Larrabetzu. En este espacio las iglesias neoclásicas al­canzan una densidad que no encontramos en ningún otro lugar del Estado. En 1777 presentaba sus planos en la Academia, Ventura Rodríguez, uno de los más grandes arquitectos del momento. Como es habitual en estos tem­plos, la planta es una cruz griega -de brazos iguales- ins­ crita en un cuadrado. Es decir, no es un modelo alargado, basilical, lo normal hasta entonces, sino central. 

2. Errigoiti

Desde allí vamos a subir a Errigoiti para encontrarnos con algo curioso y muy frecuente en Bizkaia: una "re­ducción". Así se llamaba en aquella época a la reforma en estilo neoclásico de una igle­sia anterior, en este caso del XVI -su preciosa portada será de hacia 1560-. En 1816 el ar­quitecto Martín de Echaburu sustituyó los pies derechos de madera por unas voluminosas columnas para sujetar la nueva bóveda. El es­pacio interior, antes modesto, de aire rural. se transformó en algo monumental .

3. Ajangiz

Descendemos hacia Gernika. Cerca de la villa foral, en Ajangiz, encontramos otra de nuestras protagonistas. Una iglesia de construcción complicada: empezada en 1819 por Juan Bautista de Belaunzaran, la escasez de dineros prolongó las obras hasta 1860, -y la torre aún esperó hasta 1890-. Pero el resul­tado es monumental, con su fachada a la romana precedida de una escalinata. No se llegó a hacer la plaza proyectada ante el templo, pero sí las preciosas casas curales, también de estilo neoclásico. 

4. Forua

Volviendo a nuestra ruta tropezamos con una nueva "reducción": San Martín de Forua. Aquí, hacia 1820. el templo gótico-renacentista. Cu­bierto con bóveda de madera sobre pilares del mismo material. fue transformado en un espacio que sorprende por su grandiosidad. 

5. Murueta

Parada importate: Murueta. en 1851 el arquitecto Antonio de GOicoechea volvió al modelo de planta central (cruz griega inscrita en recuadro) pero dotó al templo de una cúpula con linterna que genera un espacio interior mucho más luminoso y diáfano de lo habitual en este tipo de templos. Y al exterior llaman nuestra atención la suave sucesión de volúmenes y la esbelta torre sobre una elevada portada. Un edificio que no hay que perderse.

6. Bermeo

Llegamos a Bermeo. La iglesia de Santa María presi­de -domina, más bien- la plaza. Un monumental proyecto de 1797 de un "primer espada": Silvestre Pérez, otro de los grandes arquitectos de la Academia en aquellos años.
En este caso la planta central se alarga hacia los pies. para encajar el coro. Destaca su gran cúpula central, y llaman la atención las tribunas sobre los brazos. Al exterior presen­ta una fachada monumental, que aún lo sería más si las dos torres se hubieran terminado de acuerdo al proyecto original. flanqueando el magnífico pórtico. 

Bilboko Alde Zaharra (2)

1. CALLE RONDA

En nuestra anterior entrega nos quedábamos en el portal de Zamudio, a las puertas de las Siete Calles. Pero no vamos a entrar directamente en ellas, sino que vamos a bordearlas por Ronda. Este nombre se daba al camino que quedaba entre la muralla y las casas, por el que se hacía la ronda de vigilancia. Pero cuando las casas crecieron hasta la cerca absorbieron el paseo de ronda, y su nombre se “desplazó” al exterior, a la nueva calle surgida fuera del Casco. Conservamos el nombre, aunque cambiamos el sitio. Siguiendo la calle veremos algunos fragmentos de aquella muralla: paños de sillería que quedan a nuestra derecha.

2. SAN ANTÓN Y EL LIBRO DE `FUESAS´

Y llegamos a San Antón. Aquí hubo primero un castillo controlando el puente, y después una iglesia que sería sustituida por la actual en torno a 1500. En origen el puente estaba delante de la iglesia, y no detrás. Una joya documental del templo, que se conserva un lugar especial de la exposición permanente del Centro Icaro de interpretación de archivos, es el libro de `fuesas´ o encajonados de sepulturas de la parroquia (1503-1666). Con sus 28 hojas de pergamino y la singularidad de sus anotaciones. Quedan asentadas las fosas de enterramientos en el pavimento de la iglesia, por “rencadas”, con indicación de la posición de las fosas respecto a referencias en la iglesia, el dueño o dueños en el momento de confeccionar el libro y las personas que han ido ocupando las mismas. Pongamos por ejemplo el detalle de la imagen: “Yten la segunda de martin el çapatero e de su muger doña mari vañes de atucha: agora es de Joan de Uvieta albardero e de su muger por quanto le yzo […]”, 1535.

3. ARCOS DEL MERCADO DE LA RIBERA

Frente al popular mercado de la Ribera están los arcos. Su origen se remonta al final de la Edad Media, cuando los propietarios de las casas que estaban adosadas a la muralla de esa parte de la villa empezaron a abrir balcones hacia la Plaza Mayor. Al hacerlos cada vez más grandes, tuvieron que sujetar su amplio vuelo con unos pilares de madera, creando debajo una especie de pasillo cubierto. El paso siguiente fue decir que, puesto que esos balcones eran suyos, lo de debajo también. Lógicamente el ayuntamiento se opuso, y se inició un largo pleito que acabó dando la razón al ayuntamiento, y el espacio de calle quedó como público: nacían así los arcos de la Ribera, tan prácticos en nuestro lluvioso clima.

4. Iglesia de Santiago

Por Belosticalle, pasando por delante de la portada del palacio Arana, con sus salvajes sujetando el escudo, nos dirigimos a la iglesia de Santiago, la catedral de Bilbao. El templo es ya citado en la carta puebla de la villa, en 1300. Pero lo que hoy vemos fue construido en torno a 1400, tras desaparecer el edificio anterior presa del fuego. Se trata de un edificio gótico, de tres naves escalonadas y con una girola que circula por detrás del ábside, con una curiosa bóveda que combina tramos cuadrangulares con otros triangulares, en cuña. Más tarde, hacia 1515, se le añadirían la sacristía y el delicioso claustro, con su puerta del Ángel abierta hacia la calle Correo rematada por una concha de peregrino, alusión a la tradición jacobea de Bilbao. Y hacia 1580 se construyó el monumental pórtico. La última aportación al edificio es la monumental fachada neogótica diseñada por Severino de Achúcarro (1880-1887). En el Archivo Diocesano AHEB-BEHA, en el libro nº1 de registros originales de bautizados de la parroquia del Señor Santiago (1532-1572), se encuentra el primer libro sacramental de Bilbao. Son partidas pre-tridentinas de una extraordinaria claridad y delicadeza, que incluye además inventario y anotaciones de arreos de la parroquia: manteles de mesa, jubones, camisas, servilletas, tocas, cofias y otros

5. Palacio Mazarredo

Seguimos por Bidebarrieta. A nuestra izquierda, el palacio Mazarredo. Como casi todo nuestro barroco es un caserón sobrio, austero, salvo por su aparatoso escudo. Aquí nació el almirante José de Mazarredo, prestigioso militar que además redactó notables obras científicas. Enfrente, abarcando todo el frente de la manzana (nº7-9-11), una de las casas de vecinos más antiguas de la villa (1820). Son viviendas de alquiler, así que el promotor trató de invertir lo menos posible: materiales de bajo coste, mucha altura, nada de ornamentación... La construcción como negocio.

6.- Biblioteca municipal

Pasamos ante la biblioteca municipal, también del arquitecto Achúcarro (1888-1890), en la que vale la pena visitar el salón de actos, con su bóveda pintada por Guinea y Echenagusia. Y por fin desembocamos en el teatro Arriaga –en realidad el tercer teatro que se levanta en este mismo lugar.

Bilboko Alde Zaharra (1)

1.- Iglesia de San Antón

Empezamos el itinerario por el Casco Viejo bilbaíno. Pensaréis que ya lo conocéis de sobra, pero seguro que aún puede sorprenderos. Es más antiguo de lo que nos dicen los papeles. Sabemos que al menos hacia 1200 el solar sobre el que hoy se alza la iglesia de San Antón, estaba ocupado por unos pequeños almacenes que estarían relacionados con el comercio a través de la ría. Pero el 1 de agosto de 1300, aquella población fue oficialmente ascendida a la calidad de villa, con su fuero propio diferente del de las anteiglesias del entorno. Rápidamente la nueva puebla creció hasta tener siete calles.

2.- Iglesia de San Nicolás

El Arenal, como su nombre indica, en origen era una playa. Las gentes de Bilbao usaban su arena como material de construcción, provocando las iras del ayuntamiento. Pero en el siglo XVI se convirtió en el parque de Bilbao, presidido por la iglesia de San Nicolás que todos conocemos por fuera, pero a la que entra poca gente. La ermita que allí se alzaba se convirtió en parroquia hacia 1500. En el siglo XVIII fue renovada íntegramente, adquiriendo su actual imagen de gran pantalla que domina el parque. Una vez dentro, la pantalla plana se convierte en un espacio circular, acogedor, con unos magníficos retablos y algunas otras piezas, entre las que hay que destacar la imagen de San Judas Tadeo, patrono de las causas difíciles, de gran devoción en la villa.

3.-Plaza Nueva

Entramos al Casco Viejo por Correo, una de aquellas calles “nuevas” abiertas a fines del siglo XV, y pasamos a la Plaza Nueva. Diseñada para dotar a Bilbao de una noble plaza porticada similar a las de Vitoria y San Sebastián, su construcción empezó a principios del siglo XIX, pero tropezó con la falta de fondos del ayuntamiento. Así que cuando Fernando VII visitó Bilbao en 1828 se levantó una plaza de atrezzo a tamaño natural, que fue mostrada al monarca diciéndole que si lograban terminarla le iban a dar su nombre y colocar en el centro su escultura a caballo. El rey picó y dio dinero al Ayuntamiento para acabar la plaza, que nunca se llamó de Fernando VII, ni tuvo su estatua, aunque sí que estuvo ubicada allí por algunos años la de Don Diego López de Haro el fundador de Bilbao, hoy en la plaza Circular.

4.- Iglesia Santos Juanes

Abandonamos ahora la Plaza Nueva en dirección a la de Unamuno. De allí arrancan las Calzadas de Mallona, que unen la villa con el Santuario de Begoña, y el camino de la fuente, Iturribide, por donde llegaban las mulas que desde tierra adentro acarreaban vituallas a Bilbao y descansaban en la Burrería, hoy Museo de Pasos. Nos acercamos a la iglesia de los Santos Juanes. En realidad este templo formaba parte del colegio de los jesuitas, llamado de San Andrés, construido aproximadamente entre 1620 y 1640. Tras su sobria fachada, inspirada en la iglesia romana de Il Gesú, el interior acoge una verdadera colección de recargados retablos barrocos. Pero en 1767, los jesuitas fueron expulsados de España, y la iglesia fue incautada y cedida al Ayuntamiento, que promovió el traslado a ella de la vieja iglesia de los Santos Juanes de Atxuri, entonces en estado ruinoso. Curiosamente el lugar donde se alzaba la antigua iglesia conservó el nombre de plazuela de los Santos Juanes.

5.- Portal de Zamudio

El Portal de Zamudio era inicialmente el único que se abría en la muralla bilbaína hacia el interior. Por él entraban los alimentos que llegaban a través de Iturribide. Y por él entramos, por fin, en las Siete Calles. Pero eso lo dejamos para el siguiente recorrido.